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5/7/12

Regreso a la rutina


   Son las 22:10, hace diecisiete días que llegué a Zaragoza y 423 horas, 20 minutos y 50 segundos aproximadamente que, con un enorme pesar, me montaba en el avión y decía adiós a esa pequeña hermosa republica llamada Malta. Desde la ventanilla del avión intentaba memorizar el aeropuerto, repasaba todas las caras, todos los momentos, y me daba cuenta que una parte mía se había quedado allí, pero que el hueco no estaba vacío,  más bien lleno con un trozo de esta gran mini isla y de la buena gente que me encontré allí. Lo reconozco, todavía no he deshecho del todo la maleta. 

   A mitad de camino, con el cinturón puesto debido a las turbulencias, me quede dormida, en parte por el cansancio producido por dormir 3 horas interrumpidas por mi “querida compañera de habitación” cuando, sobre las cuatro de la mañana, se puso a prepararse la maleta y me despertó.

   Al entrar en la Península, me desperté con una gran tristeza, por todo lo que iba a dejar de hacer y por las personas a las que iba a dejar de ver. Intenté mejorar un poco el estado de ánimo repasando los proyectos que tenía aquí. Una sesión de fotos eróticas y un curso de literatura en Almuñécar, aparte, por supuesto, de mi hijo Yeray, mis padres, que me esperaban con cambios en mi habitación, y mis amigos, que me esperaban con los brazos y el corazón abiertos, eran las únicas razones por las que no lloré desconsoladamente cuando llegué a España, ni grité como en una película de miedo, no voy a decir el nombre porque sé que la reconoceréis, “¡el avión va a estallar, vamos a morir todos, el motor está roto, vamos a morir todos!”

   Los proyectos y las historias de la GENTE, los contaré en otro post, quiero contarlo bien y con detalles, pero no quiero poner una entrada interminable.

11/6/12

Migas de pan.

Llevo días buscando las miguitas de pan. Creo que los pájaros se las han comido. Hoy, en el autobús, mientras iba a la empresa a despedirme, he tenido la sensación de haber encontrado algo, pero lo he desechado, me niego a hablar todavía de despedidas, el siguiente pensamiento también lo he descartado, no es el momento de hablar de lo que parece un precomienzo que nunca empieza, ni de los ojos azules que me suplican que duerma a su lado o de los ojos oscuros que me derriten aún sin conocer el tacto de su piel, ni mucho menos de la punzada que siento cada vez que veo volar un avión. Podría hablar del azul del agua, que parece traída del mismísimo caribe. De la tranquilidad de un mar que desconoce el significado de la palabra ola, o la calma con la que mi nuevo amigo felino me saluda, de mis cinco pecados en forma de locales, el bar cill out, el kebab, la tienda de segunda mano, la dulcería, la creperia, lo necesario que se hace a veces un empujón para no arrepentirse después por no haber saltado... pero no encuentro las fuerzas. Hoy, ya pasada la cuenta atrás, en el principio de la carrera hacía la vieja rutina, aunque como yo he cambiado espero que no sea la misma, se me aculuman los "quiero hacer" que he dejado para más adelante. Me gusta no terminar todas las cosas que deseo y tener cuentas pendientes con los lugares que me embrujan, para regresar.